martes, 27 de septiembre de 2011

Cuba periodista


Ojalá fuese más mi experiencia, en oficio y no en años, para que estas líneas se leyeran como un sincero relato de vida. Para aquellos cuyo talento y olfato se han entrenado en décadas de labor, debe resultar más fácil hablar sobre una profesión sin horarios, colmada de responsabilidades, de censura y autocensura, y más allá de ello, comprometida con los que nos escuchan, con los que nos reconocen en las palabras, y con quienes llegan, a través de la imagen, a la realidad que se le presenta. Algo más dos años me separan de las aulas, y ya acumulo esas lecciones profesionales, de traspiés y pequeños triunfos, que te ayudan a continuar.

Quienes elegimos ligar nuestras vidas a una de las profesiones más incomprendidas, y a la vez, imprescindible para las sociedades, reconocemos desde el primer instante que el periodismo no es sólo consultar a una fuente, agregar varias cifras que engalanen el trabajo y buscar algunas palabritas que denoten nuestra formación intelectual. Cada reportaje, noticia, crónica o comentario, va dirigido a personas que interpretan lo que les dices según sus valores, sus condiciones económicas, el entorno que le rodea. Por ello resulta incoherente tratar de dulcificar con un lema o con ese lenguaje triunfalista que vicia a tantos colegas en todo el país, esas informaciones que tocan fibras sensibles de la población. El primer mandamiento del periodismo es la objetividad, así, sin colores ni perfumes, aunque esto no implica que nos permitamos perder la ternura, ineludible en una labor cuyos receptores y críticos son tus conciudadanos.

Mis primeros pasos en este mundo ya me han deparado unas cuántas sorpresas. Descubres que quienes padecen en carne propia los desvaríos burocráticos y las negligencias de terceros, constituyen fuentes mucho más ricas y fidedignas que el frío informe de una empresa; puede que aquel colega con cabello encanecido y el andar lento por los muchos años, comparta con los recién graduados esas ideas transgresoras que sólo caben en un espíritu joven, o que encuentres sin ánimos de luchar, abatido por la rutina del diarismo, a otros a los les que sobra maestría, pero carecen de estímulo.

Pero estos no son tiempos de conformarnos con el trabajito fácil, lo que no nos lleve más de media hora frente a la computadora. Cuba vive asediada por la calumnia como arma para desacreditarnos, y nos toca a nosotros defender la verdad de esta isla de luces y desafíos. Lo dijo el Apóstol: «el periodista tiene mucho de soldado», y no será con artículos carentes de argumentos y rebosantes de adjetivos y gritos de guerra, que podamos dar pelea.

Las palabras son nuestro combustible, pero también se les debe dar un descanso. Por eso los cito a un próximo encuentro, para descubrirnos juntos, de periodista a cubano.

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